La Semana Santa de Zamora no se puede explicar. Hay que vivirla

    La Semana Santa de Zamora goza desde 1986 del reconocimiento de Interés Turístico Internacional y atrae a decenas de miles de visitantes

    Foto: Sofía Villar

    Zamora vive desde hoy el momento mágico del año. La capital del Duero entra en la Semana de Pasión, cuyas raíces se remontan al siglo XIII, y desde entonces ha conservado intacta la austeridad, la oración y el silencio.

    Un halo de misticismo y sentimiento recorre las calles con más historia de la ciudad, sus piedras contemplan el paso del tiempo a la luz de los faroles y las velas, y el trasiego de miles de cofrades y hermanos impregna de fe cada paso. La Semana Santa de Zamora traspasa fronteras, la ciudad se convierte en centro de peregrinación y quintuplica su población, a pesar de lo cual el silencio lo inunda todo.

    La Semana Santa de Zamora goza desde 1986 del reconocimiento de Interés Turístico Internacional, lo que la convierte aún más atractiva para visitantes de todo el mundo. El acontecimiento religioso se mezcla con la vertiente cultural y social, y así caminan de la mano fe y tradición, encuentro y fervor, arte y devoción. Destaca la puesta en escena de los desfile procesionales así como la calidad de los pasos y las tallas, obra de ilustres y prolíficos imagineros como Mariano Benlliure y Ramón Álvarez, entre otros. El Museo de Semana Santa de Zamora aglutina gran parte de ellas, y constituye uno de los focos de interés más relevantes de la Semana de Pasión. Diecisiete cofradías imprimen carácter propio a los desfile procesionales, que enriquecen cada año con exquisito respeto y dedicación.

    Los días centrales de la Semana Santa zamorana concentran momentos memorables como el Juramento del Silencio o la austera procesión de las ‘Capas Pardas’, el Miércoles Santo; el canto del Miserere en la procesión de Jesús Yacente, en la noche del Jueves Santo, la madrugada del Viernes Santo de la Cofradía de Jesús Nazareno, la solemnidad del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo y la explosión de alegría y de flores del Domingo de Resurrección, entre muchos otros. Las hermandades penitenciales alfombran la noche con sus pies descalzos, y el canto gregoriano acude, a menudo, al clamor de los rezos. Es imposible resumir la impresionante riqueza de la Semana Santa de Zamora. Es todo emoción. Hay que vivirla.  Consulta el programa completo aquí: PROGRAMA SEMANA SANTA ZAMORA 2019.

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