Esposende, entre mar, ríos y montes. Paisajes de belleza natural y gastronómica

    El carrilano invita a conocer este concejo del norte de Portugal, bañado por el mar y ubicado en un enclave sorprendente para disfrutar del turismo y, sobre todo, para convivir con ese turismo de ‘saudade’

    FuenteLuis Falcão | @luischiado
    El ríco Cávados, donde se pesca la lamprea, y forma un auténtico vergel de alto valor medioambiental en su estuario./ FALCAO

    Entre un mar en calma que baña amplias playas de fina arena, ríos y montes, el carrilano llega a Esposende, dejando atrás Porto y Braga y casi vislumbrando al norte Barcelos y Viana do Castelo, invitado por Turismo Porto e Norte de Portugal a un Press Trip Gastronómico. No es el primero y, siempre, una sorpresa en el camino.

    Llega a Esposende con el aroma a salitre, a mar, a río y a monte que la templada brisa invernal trae de los bosques, muchos, y también mece la faz del carrilano. Es una tierra de paisajes de múltiples formas naturales, que también moldean las muchas tradiciones y una amplia y sabrosa gastronomía fundamentada en los productos del mar, de los ríos y de sus valles y laderas plenas de vida.

    No solo es mar y naturaleza y fogones. También la historia de un pasado esplendoroso reflejado en varias manifestaciones de la presencia humana en el territorio y que, en el camino, salen al paso del carrilano en cada esquina, plaza o rincón del municipio. Es perderse por sus calles y encontrarse con la iglesia de la Misericordia y la capilla de los Mareantes, el Pelourinho –siempre testigo histórico de las poblaciones portuguesas-. También tienen su interés el Pazo del Ayuntamiento, el Museo Municipal y la Casa de las Mariñas – Casa Viana de Limia.

    A la búsqueda de la lamprea en el río Cávados

    El carrilano deja atrás el paseo por el casco urbano para recorrer el Parque Natural del Litoral Norte de Portugal. Por la suavidad y armonía de los colores, que al atardecer adquieren tonalidades cálidas, éste es uno de los más bellos paisajes de la costa portuguesa. Perfectamente integrados en la naturaleza, los típicos molinos de viento ya no muelen cereales, siendo usados como casas de veraneo. Son unos 18 kilómetros de costa con una biodiversidad digna del mejor naturalista. Corresponde a una extensa superficie marina plena de playas con finas arenas blancas, también salpicadas de pequeñas afloraciones rocosas que dan belleza, simulando seres mágicos que emergen del mar y unas dunas para contemplar en su variedad botánica. Una curiosidad natural estas piedras que, cuando hay marea baja, emergen del mar y, por sus formas, son llamados popularmente caballos de Fão.

    En este bálsamo marino desaguan los ríos formando estuarios llenos de vida animal y vegetal. El carrilano surca el río Cávado, a bordo de una barcaza que, si ahora tiene un significado turístico surcando el parsimonioso cauce fluvial, antaño servía para pasar peregrinos de una orilla a otra del Cávado que, se supone, vendría foribundo. Es Camino de Santiago Portugués. Este amplio estuario alimenta a un vasto hábitat de vegetación salvaje y sombrío en las orillas y a toda una fauna de aves residentes y migratorias –como el carrilano- que aún se suman a la belleza en el recorrido de estas aguas. Aguas mansas por donde suben y bajan las más diversas manifestaciones del deporte fluvial, sean canoas, kayaks o simplemente pescadores que buscan algún pez para diversión y, quién sabe, para llevarse a la boca.

    En esta pesca fluvial no podía faltar, en estas aguas frías y ricas en nutrientes, la lamprea –lampreia en portugués- siendo famosa en estos lugares por la cantidad y calidad, cuyas redes en formas arcaicas –siempre con una salida- conforman pequeños montajes en el cauce. Pero no solo lamprea, sino también rodaballo, anguilas y salmonetes, que conforman la rica gastronomía fluvial del concejo.

    Pegados a los ríos y cercados por el mar se encuentran pequeños predios en las comunidades rurales que aún viven apegadas a producciones de antaño, como también a los productos que les ofrece el mar. Son cultivos de cereales hechos harina en molinos centenarios para producir un pan rural de primera calidad, pero también los terrenos para verduras cuyas tierras son arenas del mar abonadas con nutrientes marinos, tales como las algas y pequeños crustáceos. Es el sargassum, las algas marinas que el mar lleva a las playas. De hecho, la recogida de algas ha sido, a lo largo del tiempo, la actividad tradicional de los hombres de esta zona y el Sargaceiro da Apúlia una de las figuras más peculiares del folclore regional. Es la gastronomía verde, tan colorista y variada que acompaña a los platos con productos del mar dándoles colorido y sabor.

    La barca del peregrino

    Barca del peregrino

    El río Cávado es ancho y manso en su entrada en la ciudad, donde dijimos forma un estuario vivo en especies. Por el concejo de Esposende pasa el Camino de Santiago Portugués camino de la ciudad de Compostela. Ante la falta de puentes, era la única zona de poder cruzar de un lado a otro los peregrinos, para ello se debería realizar con una barca, existiendo barqueros a ambas orillas. Tal fue importancia que hasta el mismo rey de Portugal D. Manuel I iba en peregrinación a Santiago de Compostela y tuvo que cruzar el cauce en esta barca del Cávado. Tal tuvo que ser la importancia de este lugar que, tanto en un rivera como en otra, se encuentran imponentes casas de familias aristócratas, como también una pequeña capilla llamada de Nuestra Señora del Lago. Todo está salpicado de pequeñas imágenes de ‘santiagos’ y peregrinos con su concha. Hoy esta barca, como dijimos, cumple otra función. Un atractivo turístico de primer nivel.

    Turismo de saudade

    Una de las muchas y buenas playas de que dispone el litoral de Esposende, en el Norte de Portugal./ FALCAO

    La autarquía de Esposende tiene las ideas claras en cuanto al turismo que busca y desea. Un concejo que cuenta con más de 1.000 camas durante el año en una oferta diversificada en hoteles, posadas, turismo rural y, a mayores, Posada de Juventud y campings. Aunque, como todo en la vida, lo que suma para bien, bienvenido es. Es el modernamente conocido como ‘turismo de saudade’, en cuanto que se refiere a todos aquellos descendientes de emigrantes del concejo que buscan las raíces de sus ancestros. Por término general, son visitantes con un alto poder adquisitivo que, no sólo buscan el poso sentimental y ancestral, sino también las nuevas modas turísticas, como son los deportes fluviales y marítimos. Son las playas con arenas multicolores de bandera azul como Suave Mar y Ofir – rodeada de dunas y pinares, es uno de los parajes más bellos del litoral Norte de Portugal-, y también accesible como Cepães y Apúlia. O los balnearios marinos ubicados en su costa.

    Son deportes muy reclamados y practicados en estas aguas el surf, windsurf, paddle surf, y kitesurf. A los que se suma la exploración submarina en diversos rincones de la costa. En este aspecto deportivo, cabe reseñar los deportes fluviales que se practican en los ríos Cávados y Neiva. A estas modalidades de índole moderna, también se suman los diversos campos de golf, los caminos para senderistas, rutas de bicicleta de montaña y la hípica. Sin lugar a dudas que es un turismo de élite.

    Aromas y sabores, de tierra, río y mar

     

     

     

    El carrilano pudo desgustar la más variada gastronomía que, además, coincidía con la XX edición del festival gastronómico ‘Março com Sabores do Mar’. No es menos cierto que la gastronomía en Esposende es amplísima, garantizada por un amplio conjunto de gustos, en una cocina dominada por los productos del mar, propios de los ríos Neiva y Cávados y el Atlántico norte.

    Cómo no, empezar con la lamprea del río Cávados, cuando es época, con arroz a la bordalesa, convirtiéndose en motivo de visita al municipio para todos los muchos amantes de este ciclóstomo, y también del viajero que gusta mojar en el mojo de la bordalesa. Del mar surgen el pulpo de la piedra y los rodaballos –el carrilano degustó uno a la plancha digno del mejor paladar-. Qué decir de ese vinho verde leve, suave y aromático que con su frescura marida de la mejor manera con pescados, verduras, quesos y esa mantequilla Manteiga das Marinhas, considerada por la revista WallPaper como una de las mejores del mundo y, sin duda, la que mejor ha probado el carrilano.

    Cerró su particular degustación de sabores de Esposende con unos dulces riquísimos, sin exceso de azúcar, conocidos como Clarinhas do Fão. Y todo ello gracias a los fogones de la Escuela Profesional de Esposende, en su titulación gastronómica, y al restaurante Tío Pepe –un auténtico especialista en lamprea digno de visitar-.

    Para el carrilano queda un próximo viaje para conocer sus costumbres y tradiciones, ligadas a las gentes del mar, porque su calendario de fiestas y romerías se extiende a lo largo del año, como sus diversos festivales, sean gastronómicos como sabores del campo, del río o del mar, o esa feria medieval de importante atractivo.

    Sea como fuere, uno de los paseos que más gustó al carrilano de dar por Esposende fue ver desaguar al río Cávado. Allí todo confluye, río, mar, ocio, naturaleza, gastronomía, barca e historia. Una historia iniciada por hombres prehistóricos, seguidos por muchos conquistadores, pero también por caminantes en busca de su fé en el Apóstol Santiago, hacia Compostela. Así mismo, el camino del carrilano que asiste emocionado en la muerte de un río hermoso cuando vomita sus aguas en la bravura del Atlántico. Imposible mirar atrás, sino surcar ya los mares de esta vida y regresar, como el navegante, a un puerto de un río cavado a las puertas del mar, ay!

    REPORTAJE GRÁFICO LUIS FALCÃO

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