¿Quieres conocer un León diferente?

    La ciudad esconde rincones especiales y llamativos que no encontrarás tan fácilmente en las guías de viaje

    Catedral de León.

    León es una ciudad con encanto, diferente, con mucha historia y tradición. Cada año muchos visitantes disfrutan de ella, ya sea por el Camino de Santiago, por sus tapas y platos, haciendo honor a su reconocimiento como Capital Gastronómica, o simplemente por sus “peculiares” fiestas.

    La capital cazurra destaca por algunos de sus monumentos como la Catedral o la Real Colegiata de San Isidoro, sus calles del Barrio Húmedo o su casa de Botines. Son señas de identidad de la ciudad y que, indiscutiblemente, no pueden pasar desapercibidas.

    Pero y ¿qué rincones esconde León a los que muchos turistas no llegan? Un pequeño recorrido por algunos puntos emblemáticos de la ciudad, que quedan camuflados para los visitantes y una alternativa ruta turística a las tradicionales paradas es la mejor manera de rescatarlos.

    Puede comenzar su visita por el Parque de Quevedo, uno de los lugares más bonitos y especiales de León y se encuentra en el barrio de El Crucero. En un espacio natural de 48.042 m² se pueden encontrar alrededor de 19 especies arbóreas, tan llamativas y desconocidas como el plátano de sombra, palmera de Fortune o ginkgo. Entre su recorrido podrá conocer distintas aves que allí conviven como pavos reales, ánade real, pato colorado o gallina de África. Pero también esconde su historia y homenaje a Francisco de Quevedo, como reconocimiento a este poeta español que estuvo encarcelado en el Convento de San Marcos, localizado a escasos metros del parque.

    Para seguir una fantástica ruta por la ciudad, debe sumergirse en el Paseo de Papalaguinda, del que se desprende una leyenda que cambió el nombre del Paseo del Calvario. La historia se remonta al siglo X, el Rey de León visitaba al abad en su monasterio situado en la Iglesia de San Claudio. En alguna ocasión, el príncipe acompañaba a su padre en estas visitas, al pasear por este camino se encontraron con una campesina que recogía guindas y adquirieron unas cuantas por capricho. A medida que avanzaban por el camino el príncipe pedía al rey “papa, la guinda” repetidamente. Tras la sorpresa del abad que preguntó por qué el niño pedía la guinda a su padre, le pareció tan curioso que le pidió al rey que el Camino del Calvario pasara a ser el Paseo de Papalaguinda.

    Y entre guinda y guinda, se llega al Puente de los Leones, rodeado de tres estatuas de leones, construidas por Víctor de los Rios en 1967. Este símbolo tan reconocido en la ciudad no podía faltar en un puente que va a dar lugar a una histórica plaza que lleva con ella el dicho “si no te gusta León, por ahí está la estación”. Efectivamente, es el turno de la Plaza de Guzmán el Bueno. El protagonista es el leonés Alonso Pérez de Guzmán que nació en el año 1256 y fue el encargado de defender la plaza de Tarifa por las órdenes del rey Sancho IV contra las tropas del infante Don Juan. Ante la resistencia, secuestraron al hijo de Guzmán y le ofrecieron la entrega de la plaza o el sacrificio de su hijo. Pero Guzmán arrojando el puñal ofreció a su hijo, porque no podía ir en contra de su tierra. De ese acto de orgullo a León, el rey le apodó El Bueno y éste hizo honor a su seudónimo por sus regalos a los desfavorecidos. Pero León no olvida y en 1894, Aniceto Marinas construyó una estatua de bronce de Guzmán en la cual se aprecia un escudo en la mano izquieda y un puñal en la derecha. La frase popular entre los leoneses sobre Guzmán se debe a la dirección a la que apunta la mano izquierda de la escultura en dirección a la estación.

    La razón de que continúe aquí es porque le gusta León y no se ha ido a la estación. Antes de la siguiente parada, se atraviesa el corazón de la capital, la Plaza de Santo Domingo, justo antes de entrar a la zona romántica. Llega la visita al Parque del Cid. Este precioso parque lleno de paz y tranquilidad para los más bohemios fue construido en 1972 sobre el antiguo convento de Agustinas Recoletas. Los adornos y bancos que decoran el parque son herencia de los capiteles y columnas del convento. Pero lo que le da una decoración histórica que nutre de fuerza a este céntrico parque son los bustos y esculturas que rinden homenajes a figuras destacadas como los músicos Ángel Barja y Felipe Magdaleno y el poeta Rubén Darío.

    Damos el salto hasta la Plaza San Marcelo o la conocida ‘Plaza de las Palomas’. Se trata de una plaza céntrica que es testigo de muchos eventos, como la feria del libro, actuaciones y acoge el gran Belén en las fechas navideñas. Además, es muy especial porque cuenta con el antiguo Consistorio, que todavía sigue en funcionamiento para los plenos municipales y para las bodas civiles. También se encuentran en esta plaza dos edificios destacados como son Palacio de Torreblanca y Palacio de Hernando de Villafañe.

    Y aunque todavía quedan numerosos edificios y emblemas de la ciudad por señalar, mencionaré otra de las reconocidas plazas de la ciudad de León como es la Plaza del Grano. Tan querida y tan demandada para eventos, concentraciones y fiestas. Esta Plaza también se la conoce por Santa María del Camino por la iglesia que allí se alberga. El suelo es empedrado por la época en la que se construyó que fue en la Edad Media, al ser un espacio tan valioso en la ciudad, los leoneses luchan por mantener la plaza en su aspecto original. En el medio de la plaza se encuentra un pedestal con una columna con capitel en la que se aprecia el escudo de la ciudad. A los dos lados de la escultura se encuentran la figura de dos niños, que representan a los ríos Bernesga y Torío que rodean León.

    Para que no solo se vaya con la esencia monumental de la ciudad y como las buenas costumbres no se pueden perder, le dejo unos cuantos platos leoneses que le dejarán con un buen saber de boca de capital cazurra.

    Un plato típico de la provincia leonesa que está igual de delicioso tanto en verano como en invierno es el cocido maragato. Procede de la localidad de Astorga y lo más característico es que se sirve y se come de al revés. Primero la carne, verduras y por último la sopa del cocido.

    Otro de los ‘manjares’ de León es la sopa de truchas, natural del municipio de Hospital de Órbigo. Una hogaza de pan y un vino tinto son imprescindibles para este plato.

    El reconocido botillo del Bierzo no podía pasar desapercibido. Costillas y rabo de cerdo es uno de los apreciados en la Gastronomía Leonesa. Con una receta tradicional ha llegado a los mejores paladares.

    Como manjares estrellas en tapas, que es lo que les gusta a los cazurros, destacan la cecina y la morcilla. El Barrio Húmedo es su lugar. Para finalizar la visita y una buena comida de degustación no podia faltar los hojaldres y mantecadas también descendientes de Astorga.

    Si se le ha quedado corto este recorrido, venga a León, que aunque dicen que es pequeña esconde más de lo que muchos se imaginan.

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