Crucero en barco por el Duero portugués desde Vega Terrón

    La empresa española Duero Emoción apuesta por el mercado de los cruceros fluviales en el Douro Vinhateiro, monopolizado hasta ahora por empresas lusas, con salidas desde Salamanca

    FuenteCarlos Velasco / director de Noticiascyl
    El crucero fluvial de Duero Emoción proporciona magníficas vistas del Douro Vinhateiro

    La empresa española Duero Emoción oferta desde el pasado mes de julio cruceros turísticos por el Duero portugués (navegable desde la frontera española hasta Oporto) con salidas desde el muelle fluvial de Vega Terrón (se está imponiendo el nombre sin la preposición ‘de’), situado en la localidad salmantina de La Fregeneda.

    Se convierte así en la primera empresa española que se lanza al próspero mercado de los cruceros turísticos por el denominado Douro Vinhateiro, mercado monopolizado hasta ahora por empresas lusas y alguna francesa, las cuales llevan ya muchos años ofertando viajes desde Oporto hasta la frontera española. Algunas fuentes estiman que el mercado de los cruceros fluviales por el Duero portugués mueve en torno a 300.000 turistas al año. Turismo de alto poder adquisitivo, conformado sobre todo por ciudadanos ingleses y alemanes.

    crucero fluvial Duero
    El barco Villa de Meira, de Duero Emoción, fondeado en el muelle fluvial de Vega Terrón, con el puente del ferrocarril sobre el Águeda en primer término, y el de la carretera al fondo

    Salimos de Vega Terrón a las 9,20 de la mañana. El barco Villa de Meira, con capacidad para transportar a 100 pasajeros, calentaba motores para su primer circuito turístico por el Duero. Un recorrido variado, que incluía tomar diferentes tipos de transporte: barco, tren y autobús.

    El trayecto en barco comprendería el tramo desde Vega Terrón hasta la esclusa de Pocinho, situada a 27 kilómetros. Desde allí, cerca de una hora hasta Pinhao, ya en pleno corazón del Douro Vinhateiro. Vuelta unas horas después a Pocinho en el mismo tren, y regreso luego en autobús, bordeando la interesantísima localidad de Vilanova de Foz Coa, hasta llegar a Figueira de Castelo Rodrigo, donde se había organizado una cata de vinos para que los viajeros pudieran conocer los excelentes caldos de esta zona fronteriza con la provincia de Salamanca.

    El hecho de tratarse de un viaje inaugural añadía emoción a la aventura. A pesar de que el barco cuenta con 100 plazas, la empresa había puesto a la venta solo la mitad a fin de facilitar los movimientos de los pasajeros y que pudieran disfrutar plenamente de la travesía.

    Vega Terrón: El ‘puerto’ de Castilla y León

    Para zarpar, el Villa de Meira hubo de maniobrar lentamente entre dos pequeños barcos que le cerraban el paso a popa y dos grandes cruceros fluviales a proa que acababan de atracar en el muelle de Vega Terrón con las panzas rebosantes de turistas. Varias hileras de autobuses los esperaban para transportarlos hasta Salamanca capital, donde pasarían el día visitando monumentos y de compras.

    El muelle fluvial de Vega Terrón, considerado el único ‘puerto’ de Castilla y León, es propiedad de la Diputación de Salamanca. Cuenta con unos servicios mínimos: un centro de recepción de visitantes y, en su parte trasera, adosado al mismo edificio, un restaurante. Un panorama un tanto desangelado, muy distinto al ambiente bullicioso que registra la vecina Barca d’Alva.

    Los autobuses esperan a los viajeros que suben desde Oporto para trasladarlos a Salamanca
    Los autobuses esperan a los viajeros que suben desde Oporto para trasladarlos a pasar el día a Salamanca

    En Vega Terrón, punto donde el río Águeda vierte sus aguas al Duero, hubo desde antiguo un embarcadero que se convirtió en muelle fluvial en la segunda mitad del siglo XIX. Trataba de facilitar el transporte de mercancías por el río, sobre todo de los productos agrícolas de la zona, ya que hasta entonces los lugareños sólo disponían para la carga y descarga en la parte española de los fondeaderos naturales que les ofrecía el Duero.

    Tras un periodo inicial de intenso uso para el tráfico de mercancías, la construcción del ferrocarril a finales del siglo XIX entre Barca d’Alva y La Fuente de San Esteban hizo que el uso comercial del muelle fuera decayendo poco a poco.

    El antiguo muelle fue reconstruido por la Diputación de Salamanca a partir de 1980 con la intención de que sirviera de revulsivo para la deprimida economía de la zona, como elemento favorecedor del transporte de mercancías y de todas las actividades de ocio que posibilitaba la navegabilidad del Duero.

    Sin embargo, la función comercial ha sido escasa hasta la fecha. No así el uso turístico, que ha ido creciendo hasta nuestros días, aunque han sido sobre todo empresas portuguesas las que más han aprovechado las enormes potencialidades del Duero navegable y de su singular y poco conocido territorio. Al menos para los españoles.

    Además de en barco, la frontera hispano-lusa puede cruzarse en este punto a pie o en automóvil a través de los dos puentes que salvan el cauce del Águeda. El puente ferroviario internacional, de hierro, es el más antiguo, data de 1887; el de la carretera, de hierro y hormigón, situado aguas arriba del anterior, es mucho más reciente, inaugurado en el año 2000.

    La construcción de este último puente ha facilitado sobremanera los intercambios transfronterizos al permitir el tránsito de automóviles entre La Fregeneda y Barca d’Alva; intercambios que sufrieron un fuerte mazazo a raíz del cierre al tráfico de la línea férrea internacional entre La Fuente de San Esteban y Barca d’Alva, que acaeció en 1985 en la parte española y en 1988, en la portuguesa, bajo la excusa de su abultado déficit.

    Puente sobre el Duero en Barca d'Alva, entre cuyos arcos transitan a diario numerosos barcos de pasajeros
    Puente sobre el Duero en Barca d’Alva, entre cuyos arcos transitan a diario numerosos barcos de pasajeros

    Como anécdota, citar que el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y su homólogo portugués, Antonio Costa, se encontraron en el muelle el pasado 29 de mayo con motivo de la XXIX Cumbre Hispano Portuguesa. Desde allí realizaron un recorrido en barco por el Duero portugués hasta desembarcar en las proximidades de Régua para luego partir hacia Vila Real, donde se celebraba la Cumbre.

    Barca d’Alva y Guerra Junqueiro

    Los potentes motores del Villa de Meira, de 300 caballos, impulsaban el barco hasta los 7 nudos a la hora (13.5 km.) y la agradable brisa fresca que generaba en torno era un agradable bálsamo para el pasaje en un día de primeros de agosto que se auguraba caluroso.

    En un par de minutos estábamos ya a la altura de Barca d’Alva, un pequeño núcleo poblacional, perteneciente al Concejo de Figueira de Castelo Rodrigo, conocido por su carácter fronterizo, ya que es la primera localidad lusa con la que uno se topa al poco de atravesar la frontera.

    Vista de Barca d'Alva, la primera ciudad lusa que se encuentra al cruzar la frontera. Albergará próximamente un gran centro de ocio.
    Vista de Barca d’Alva, la primera ciudad lusa al cruzar esta parte de la frontera. Albergará próximamente un gran centro de ocio.

    Barca tuvo gran importancia en el pasado como el punto en el que confluían las líneas ferroviarias que conectaban Salamanca con Oporto. Y la sigue teniendo ahora, pero como lugar de atraque de los grandes cruceros fluviales que remontan el Duero desde el Atlántico.

    Entre otros atractivos, Barca destaca por haber sido residencia del político y escritor portugués Abilio Guerra Junqueiro (1850-1923), antimonárquico furibundo y gran propagador de las ideas republicanas. Junqueiro, al que se recuerda en la aldea con una estatua junto al muelle, nació en la vecina localidad de Freixo de Espada à Cinta, fue gran amigo de don Miguel de Unamuno, el cual visitaba esta zona con cierta frecuencia (era muy aficionado a los viajes en tren) para charlar de política y literatura con un personaje tan ilustre en Portugal como lo era él mismo en España.

    Barca d’Alva es conocida también por sus excelentes peces de río y, desde hace algunos años, como decimos, por los enormes barcos turísticos que recalan en su muelle. La singularidad de Barca d’Alva y su gran proyección han hecho que la Cámara Municipal de Figueira de Castelo Rodrigo haya elegido la localidad para desarrollar algunos de sus principales proyectos de desarrollo del territorio.

    Así, el pasado mes de julio, el presidente del concejo, Paulo Langrouva, firmaba un acuerdo con Douro Azul, una de las principales navieras de los cruceros del Duero portugués, en presencia del ministro de Economía de Portugal, para la construcción en Barca d’Alva de un gran centro de ocio que incluirá un hotel de lujo y diversas instalaciones anejas.

    Además, Douro Azul, con apoyo del gobierno portugués y en sintonía con el municipio de Figueira de Castelo Rodrigo, se propone rehabilitar para usos turísticos la línea férrea entre Barca d’Alva y Pocinho, que se halla en el mismo estado de abandono que la española entre el muelle de Vega Terrón y La Fuente de San Esteban.

    Uno de los numerosos cruceros que llegan a Barca d'Alva, grandes barcos fluviales con sus panzas rebosantes de turistas
    Uno de los numerosos cruceros que llegan a Barca d’Alva, grandes barcos fluviales con sus panzas rebosantes de turistas

    En el ámbito cultural, Barca ha sido elegida asimismo escenario para el festival de música Marofa Folk & Blues Fest. Elementos todos ellos tendentes a convertir la localidad y el concejo en uno de los principales focos turísticos y culturales de esta parte de la frontera hispano-lusa.

    Desde el Villa de Meira, Barca d’Alva adquiere una perspectiva inédita: los enormes cruceros anclados en el muelle a lo lejos amenazando con arrollar las pequeñas y frágiles barcas de pescadores, pintadas algunas de un azul marino eléctrico, y la vista del puente sobre el Duero en un plano fotográfico contrapicado.

    Navegabilidad gracias a cinco esclusas

    Nuestro destino es la esclusa de Pocinho, término municipal de Vilanova de Foz Côa, situada a 27 kilómetros de Vega de Terrón. En los 213 kilómetros que el Duero recorre desde la frontera española hasta el Atlántico sufre un desnivel de 130 metros, una circunstancia natural que por sí misma impediría la navegación.

    Los portugueses han salvado este escollo gracias a un sistema de esclusas, que no son otra cosa que compartimentos (por lo general, habilitados en uno de los extremos de una presa) con puertas de entrada y salida, que se construyen en un canal de navegación para que los barcos puedan pasar de un tramo a otro de diferente nivel, para lo cual se llena de agua o se vacía el espacio comprendido entre dichas puertas.

    Hay cinco presas y esclusas en el Duero portugués para garantizar el flujo uniforme de agua en su cauce, generar energía hidroeléctrica y permitir la navegación: Pocinho, Valeira, Bagauste-Régua, Carrapatelo (la más espectacular, con 36 metros de altura) y Crestuma-Lever, esta última la más próxima a Oporto. Las obras comenzaron en 1965 y concluyeron en 1990.

    En el mapa pueden verse las cinco esclusas que permiten la navegabilidad del Duero portugués hasta Oporto
    En el mapa pueden verse las cinco esclusas que permiten la navegabilidad del Duero portugués hasta Oporto

    Inicialmente, el proyecto no incluía la presa de Pocinho, pero el gobierno portugués la añadió a sus planes a petición del gobierno español de la época, que deseaba que la navegabilidad del Duero llegara hasta Vega Terrón, que es lo que sucede hoy. Las presas no sólo producen electricidad y permiten, mediante la esclusa, que suban y bajen barcos, sino también regular el caudal de agua para que el cauce del río sea apto para la navegación.

    Dos horas nos llevó la travesía hasta la presa de Pocinho, que se nos hicieron cortas, afanados en escudriñar todos los detalles del exótico paisaje que desfilaba ante nuestros ojos como en una película: el barco de Douro Azul que nos adelantaba por la izquierda, Infante D. Henrique, los meandros del río, los raros peces que a menudo saltaban sobre la superficie, los campos de cultivo como recién salidos de la peluquería, las señoriales quintas posadas sobre las laderas…, inmersos en la fresca brisa que nos acariciaba en la comodidad del centro del río.

    Vista del muelle fluvial de Pocinho, con la presa al fondo. En su parte derecha se halla la esclusa que sube y baja de un nivel a otro a los barcos
    Vista del muelle de Pocinho, con la presa al fondo. A la derecha se halla la esclusa que sube y baja de un nivel a otro a los barcos

    Otros circuitos turísticos de Duero Emoción sí contemplan la bajada de la esclusa de Pocinho, pero no el que nosotros realizábamos en esta ocasión. Así pues, el Villa de Meira maniobró para colocarse en paralelo al pantalán habilitado en la margen izquierda del río, a varios cientos de metros de la presa. Un pequeño muelle, pero que nos recordaba los grandes puertos náuticos que pueden verse en muchas localidades costeras. Pero en pleno territorio de interior, que es justamente lo que más llama la atención.

    Entre otras pequeñas embarcaciones, en el muelle descansaba el Nuestra Señora da Veiga, un coqueto barco para el transporte de turistas que imita los antiguos ‘rabelos’ que antiguamente surcaban el Duero y que servían para transportar mercancías hasta Oporto, en particular los valiosos toneles del vino. Todavía pueden verse en el río estos barcos tradicionales, especialmente en la desembocadura del Duero, en Oporto, aunque adaptados a los usos modernos, es decir, mayormente al turismo.

    Un 'rabelo' surcando el Duero a la altura de Pinhao
    Un ‘rabelo’ surcando el Duero a la altura de Pinhao

    La línea férrea del Duero

    La presa de Pocinho dista poco más de medio kilómetro de la estación ferroviaria del mismo nombre, donde tomaríamos un tren para llegar hasta Pinhao, situada a unos 65 kilómetros aguas abajo.

    Actualmente, el tren realiza el trayecto entre Pocinho y la estación de São Bento, en el centro de Oporto. Su función sigue siendo el transporte regular de pasajeros.

    Sin embargo, en los últimos años, estos pasajeros son sobre todo turistas, de un sinnúmero de nacionalidades, quienes lo utilizan no sólo para ir y venir a Oporto, sino también para disfrutar del entorno mágico del Douro Vinhateiro, con bellos pueblos y ciudades a la vera del río o en sus alrededores: Barca d’Alva, Vilanova de Foz Côa, Pinhao, Peso da Régua, São João de Pesqueira, Lamego…

    El bello 'Comboio histórico' es una bella reliquia del tráfico ferroviario en épocas pasadas
    El bello ‘Comboio histórico’ es una bien conservada reliquia del tráfico ferroviario de épocas pasadas

    En Pocinho comenzaba en la parte portuguesa la denominada Línea Férrea Internacional del Duero, que llegaba hasta la estación española de La Fuente de San Esteban-Boadilla, en la provincia de Salamanca, y que durante años fue el principal medio de conexión entre Salamanca y Oporto, tanto para el transporte de viajeros como de mercancías.

    Este tramo, decimos, está totalmente abandonado actualmente en ambos países, aunque en los últimos tiempos se proyectan planes de rehabilitación a uno y otro lado de la frontera por el interés histórico de la línea y como refuerzo del conjunto de atractivos turísticos del Duero.

    La línea férrea se construyó entre 1882 y 1887 a instancias de empresarios y de la banca portuguesa, quienes financiaron incluso el tramo español entre Barca d’Alva y La Fregeneda.

    Especial interés constructivo tiene el tramo ferroviario español desde Vega Terrón a La Fregeneda, de 17 kilómetros, declarado Bien de Interés Cultural en el año 2000, debido a su complejidad a causa de la escarpada orografía, lo que obligó a abrir 20 túneles y a levantar 12 puentes de hierro para salvar los abruptos desniveles, algunos de los cuales son verdaderas obras de arte de ingeniería.

    En la actualidad se pretende que este tramo se convierta en una vía verde y sea rehabilitado para usos turísticos. La Diputación de Salamanca ha aprobado ya una inversión cercana al millón de euros para empezar los trabajos.

    A punto de tomar el famoso tren del Duero en la estación de Pocinho, camino de Pinhao
    A punto de tomar el famoso tren del Duero en la estación de Pocinho, camino de Pinhao

    Así pues, al cabo de unos minutos de espera, subimos en Pocinho al tren que nos llevaría a Pinhao y nos metería de lleno en el territorio sagrado del vino de Oporto, el exótico tren del Duero, cuya vía (la histórica Línea del Duero) discurre entre túneles paralela al río y casi a ras de agua, hasta el punto de que, por momentos, uno tiene la extraña sensación de estar navegando sobre raíles junto a los barcos.

    El oro negro del Douro

    El paisaje comienza a teñirse de olivares, almendrales y viñedos sostenidos en milagrosos bancales, que desfilan fugaces al otro lado de la ventanilla, igual que los barcos que van y vienen sin cesar por el río.

    Casi sin darnos cuenta, nos hallábamos en el corazón del Douro Vinhateiro, territorio munificente no solo en lo gastronómico, también en la geometría deslumbrante de sus paisajes, con las hileras inacabables de cepas laboriosamente trazadas sobre las irregulares y empinadas parcelas, como si por aquellos campos hubiera pasado un acreditado pintor cubista o así.

    La bella estación ferroviaria de Pinhao, decorada con azulejos que representan escenas vitivinícolas
    La bella estación ferroviaria de Pinhao, decorada con llamativos azulejos que representan escenas vitivinícolas

    Y en cada recodo, como posadas en las laderas de viñedos o asomándose al Duero, las famosas ‘quintas’ portuguesas (casonas solariegas), presidiendo majestuosas las fincas. Muchas de las quintas tradicionales son hoy bodegas con hoteles y restaurantes de lujo. La cara publicitaria de las grandes marcas del sector del vino de Oporto, la mayor parte en manos de capital inglés, dada la pasión inglesa por este producto de reyes.

    Pasión que data de la Guerra de la Independencia, cuando los ingleses desembarcaron en Portugal para combatir a Napoleón. Taylor’s, Graham’s y Calém encabezan la lista de estas grandes bodegas, y sus nombres puede leerse en grandes rótulos en quintas y laderas desde los barcos y los trenes.

    Se cuenta que fue en un convento de Lamego donde, por casualidad, dieron con la fórmula magistral vino de Oporto al añadir brandy al vino. Comprobaron que la mezcla, aunque con más alcohol, proporcionaba un buen sabor y conseguía además que el vino no se avinagrara. Fue un hallazgo casi estratégico para la navegación portuguesa, que disponía así de un vino resistente para las largas travesías, un vino que era al mismo tiempo alimento, medicina y fuente de placer para los sentidos.

    Después de pasar la uva por el largar, el vino era transportado en ‘rabelos’ hasta Vilanova de Gaia, frente a Oporto, donde se almacenaba en grandes toneles de madera para que madurara y envejeciera hasta adquirir sus propiedades distintivas.

    Una de las numerosas bodegas y 'quintas' que pueden contemplarse en el recorrido por el Douro Vinhateiro
    Una de las numerosas bodegas y ‘quintas’ que pueden contemplarse en el recorrido por el Douro Vinhateiro

    El hecho de que se haya convertido en un producto de lujo se explica también por los exigentes requisitos de producción: un terreno adecuado y el calor intenso que precisa la uva para generar el azúcar. Requisitos que sólo se dan en estas laderas escarpadas que ha ido esculpiendo el Duero a lo largo de miles de años.

    Las singularidades del territorio conllevaron que el Douro Vinhateiro fuera declarado en 2001 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

    Una vez más comprobamos que el río Duero, el gran río de Castilla, va haciendo vino allá por donde pasa: en Burgos y Valladolid, el famoso Ribera del Duero; en Toro, vinos de una calidad a la altura de los más afamados; y finalmente en su último tramo, ya en Portugal, ese oro negro inigualable que es el vino de Oporto.

    Pinhao, corazón del Douro

    La estación de Pinhao es casi como un museo. Llama la atención su fachada de azulejos que recrean diversas escenas del proceso de producción del vino: el Duero encajonado entre profundas paredes alfombradas de viñedos, campesinos trasportando toneles de vino en carros tirados por yuntas de bueyes, mujeres y hombres acarreando cestas de uva durante la época de la vendimia, rabelos surcando el Douro… Y en su interior, toneles de vino de Oporto.

    Se considera que Pinhao, junto a São João da Pesqueira, integran el corazón del territorio del vino de Oporto. Pinhao, situada en la margen derecha del Duero, es una ciudad pequeña sobre una ladera, con casas paredañas que han ido configurando un trazado urbano compuesto casi en exclusiva por una única calle.

    El calor en estos primeros días de agosto se hace agobiante por momentos. En los últimos años han abierto en la ciudad algunos hoteles de lujo, porque el lugar es ideal para el descanso, tranquilo y con magníficas panorámicas del Duero. En uno de ellos nos refugiamos para tomar un café y en busca del aire acondicionado.

    En el bonito puerto fluvial de Pinhao hay amarrados bastantes barcos y allí hacen escala otros muchos que van o vienen.

    Calle principal de Pinhao, localidad cuyo trazado urbano está completamente adaptado a una ladera en la margen derecha del Duero
    Calle principal de Pinhao, localidad cuyo trazado urbano está completamente adaptado a una ladera en la margen derecha del Duero

    Durante nuestra estancia en Pinhao, tuvimos la suerte de ver pasar el denominado Comboio histórico, un bello tren antiguo a vapor que sigue todavía en activo, aunque exclusivamente para usos turísticos. Este singular tren sólo funciona durante los meses de julio y agosto, y realiza un recorrido entre Peso da Régua y Tua. Una nube de turistas asendereaba al tren con sus cámaras de fotos y móviles como si se tratara de una gran estrella. Y sin duda lo es.

    Cata de vinos en Figueira

    Tras el almuerzo en Pinhao, desanduvimos nuestros pasos para volver de nuevo en tren a Pocinho. Allí nos recogió un autobús para llevarnos hasta Figueira de Castelo Rodrigo. Por el camino bordeamos Vila Nova de Foz Côa, aunque la parada bien merece la pena, no solo por la ciudad y también por sus excelentes vinos, aceites y almendras, sino sobre todo por su yacimiento de grabados rupestres al aire libre, que es uno de los mayores del mundo. La visita al yacimiento tiene que ser concertada porque para llegar a los grabados hay que ir en todoterreno.

    Figueira de Castelo Rodrigo es una tranquila ciudad a tiro de piedra de la frontera, situada sobre la sierra de Marofa, entre los valles de los ríos Côa y Águeda, en la región natural portuguesa de la Beira Interior Norte.

    Está formada por dos núcleos separados: el más moderno es Figueira, y a unos pocos kilómetros, sobre un risco, Castelo Rodrigo, una aldeia histórica de origen medieval surgida en torno a un castillo. El castillo está en ruinas, pero el marco de Castelo Rodrigo es incomparable, y la Cámara Municipal, con su presidente, Paulo Langrouva a la cabeza, ha sabido darle un interesante uso cultural.

    Igual que otros concejos de la zona, Figueira está realizando también una fuerte apuesta por sus vinos. No es territorio del vino de Oporto, pero sí se producen excelentes tintos y blancos a partir de la variedad de uva síria, autóctona de Portugal, que da a los caldos un regusto especial. Destacan también sus frizzantes, vinos blancos de aguja, achampanados, de una calidad excepcional.

    El circuito turístico por el Duero portugués concluyó con una cata de vinos en Figueira de Castelo Rodrigo, zona de excelentes caldos
    El circuito turístico por el Duero portugués concluyó con una cata de vinos en Figueira de Castelo Rodrigo, zona de excelentes caldos

    La tradición vitivinícola de Figueira es antigua, data del siglo XII, cuando monjes de la orden del Císter levantaron aquí un convento, el bello monasterio de Aguiar, destinado hoy a usos hosteleros.

    Figueira cuenta desde 1956 con una cooperativa vitivinícola, de la que hoy forman parte 800 socios, que produce anualmente unos 6,5 millones de litros de vino, a partes casi iguales de tinto y blanco. El pasado mes de julio se inauguró en las instalaciones de la cooperativa una moderna sala de cata, que tuvimos la suerte de estrenar en este primer circuito por el Duero desde la parte española.

    Probamos el tinto Convento de Aguiar, un blanco y un ‘frizzante’, y la experiencia fue la guinda perfecta para concluir nuestro circuito por el Duero navegable. Una experiencia exótica tan cercana y tan desconocida para tantos españoles, ay.

    Duero Emoción, con el barco Villa de Meira, es la primera empresa española que se lanza el mercado de los cruceros por el Duero portugués
    Duero Emoción, con el barco Villa de Meira, es la primera empresa española que se lanza el mercado de los cruceros por el Duero portugués

    Como aquellos esforzados españoles del siglo XVI que se lanzaron a la conquista de América, desde el pasado mes de julio una empresa española se ha lanzado asimismo a la conquista del Duero navegable desde Vega Terrón. Al cabo de treinta años, aquella iniciativa de la Diputación de Salamanca de acondicionar el viejo muelle fluvial en la desembocadura del Águeda comienza a dar frutos.

    1 Comentario

    1. Un grupo de personas mayores de Zaragoza estamos interesados en hacer el crucero fluvial Vega Terrón-Oporto. ¿nos pueden proporcionar información al respecto?

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