Santa Cruz de los Cuérragos, silencio y belleza en territorio del lobo

    Viaje a Zamora: Aliste, La Culebra, Alba y La Carballeda (III)

    FuenteLuis Falcao @luischiado
    Calle típica en Santa Cruz de los Cuérragos, entre Aliste, La Culebra y La Carballeda./ FALCAO

    El camino desde Rionor de Castilla o Rio de Onor portugués –monta tanto-, tras un exquisito almorço, prosigue y el viajero con sus acompañantes se dirige hacia la Sierra de la Culebra, un espacio de 65.000 hectáreas dominado por el lobo ibérico -es la mayor reserva natural de la Península-, un animal denostado y venerado a partes iguales, ahora dicen que también existen algunos ejemplares de oso pardo llegado desde los Picos de Europa, y que tiene continuidad geográfica con el Parque Natural de Montesinhos.

    En este vasto territorio de coníferas la siguiente parada es Santa Cruz de los Cuérragos, una pedanía de Manzanal de Arriba que linda con tierras lusas y donde confluyen las comarcas zamoranas de Aliste, Sanabria y La Carballeda. Ese pequeño pueblo con apenas una docena de habitantes censados se asienta sobre la ladera de la Peña del Castillo, y cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Etnológico por su peculiar adaptación arquitectónica a las condiciones naturales. Eso sí, muy parejo en cuanto a construcción conservada, a la del resto de municipios de esta zona.

    El silencio de estos territorios también inunda a Santa Cruz, que tiene vetado el acceso de los coches a su núcleo urbano. Levantan curiosidad al viajero varios carteles que se expanden por el pueblo con advertencias al visitante, ‘En Santa Cruz no hay nada abandonado’ o ‘No ensucie la fuente ni moleste a las ranas’. José, uno de los pocos vecinos –ya entrado en abultada edad- que avistamos en nuestro recorrido narra que Santa Cruz formaba antiguamente parte de la ruta del contrabando que unía Linarejos – ubicado en el corazón de la Sierra en las estribaciones de Peña Mira, perteneciente al Ayuntamiento de Manzanal de Arriba-. con Guadramil, una aldea típica trasmontana del distrito portugués de Braganza.

    Hoy, ese recorrido de doce kilómetros, que atraviesa también Riomanzanas, está señalizado para senderistas. Además, José nos aconseja su visita porque es lugar idóneo para la observación de la berrea de los ciervos. Le respondemos que vamos justos de tiempo en el camino. Y responde, tal cual:

    –        No por mucho tempranar, amanece más madruga.

    Proseguimos nuestro andar por las empedradas callejas. “Esto es un auténtico paraíso”, comenta el viajero a sus compañeros de ruta. Sin menospreciar el interés e impacto visual y estético de otros pueblos recorrido en esta Zamora profunda, Santa Cruz de los Cuérragos es uno de esos tesoros que salen al encuentro del viajero en escasas ocasiones. Los amantes de la arquitectura popular- cada día más- tienen una cita imprescindible para disfrutar de las edificaciones tradicionales de La Carballeda y de Sanabria.

    El pueblo, que ya existía en 1600, nos explica José, lleva el apelativo Cuérragos por los pequeños riachuelos que bajan de la montaña y se juntan al río Manzanas, “nos hemos enterado que cuérrago significa cauce”. Mientras que el nombre de Santa Cruz pueda tener algo que ver con el interesante crucero que se erige junto a la iglesia.

    El paseo por las estrechas, y en muchas ocasiones empinadas calles de Santa Cruz –es la ladera de la montaña- confiere una idea de eternidad, como que los años no pasan para estas antañonas construcciones, dan la impresión de mantenerse en este ‘abandono’ indemne desde los primeros tiempos. El viajero, cámara en ristre, se pierde por las callejas del pueblo. Le gustan estas casas alistanas de piedra, madera y pizarra. Todas semejantes pero ninguna igual a otra.

    Aunque el pueblo está casi deshabitado parte del año –nos informa nuestro amigo José-, podemos apreciar los esfuerzos que se realizan para restaurarlo y conservar esta parte de la historia no solo de la comarca o de Zamora, sino también del patrimonio español. Mirando fijamente a las piedras que conforman los muros de las paredes aún en pie, nos damos cuenta de la fuerza que conserva cada una de ellas, escuchamos, en nuestra imaginación, en esas noches duras, húmedas y frías de invierno el sonido del viento que bate los pinares y desciende desde las alturas trayendo el aullido de los lobos. Es el tiempo que permanece impasible en estos territorios de frontera. La vida negada a convertirse en historia.

    BIC con categoría de Conjunto Etnológico

    Este tipo de arquitectura popular, adaptada a la altitud del terreno -900 metros-, y su conservación integral ha sido objeto de reconocimiento por la Junta de Castilla y León, al declarar a este municipio Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Etnológico, cuyo motivos quedan claros en el BOCyL del 2 de julio de 2008, “En la delimitación de este Conjunto Etnológico, se ha tenido en cuenta la ubicación en el espacio natural de Sierra de la Culebra, de alto valor ecológico y cultural, entendiéndose que la delimitación efectuada, establece un instrumento idóneo de preservación de la valiosa relación existente entre el conjunto y el medio físico en que éste se enclava, con una arquitectura caracterizada por la adaptación a su entorno físico, a los usos y a los aprovechamientos tradicionales”.

    José nos abre la puerta de dos tipos de casa diferentes, una restaura y otra que guarda todos los signos del paso del tiempo y que, con cuidado, porque parece que una mala pisada puede hacer venir arriba de nuestra cabezas todo el entramado arquitectónico de la vivienda. La casa, con balcones de madera y tejados de pizarra, se compone de dos pisos y está construida en piedra con tejado de pizarra. La cuadra se sitúa en el piso de abajo para aprovechar en invierno el calor de los animales, circunstancia que recuerda al viajero la primera casa que conoció allá en su pueblo –Villarino de los Aires- desde que tuvo uso de razón.

    Una sencilla escalera de piedra sirve de acceso a la vivienda que se ubica en el piso superior, generalmente con un balcón o corredor. Llama también la atención del viajero el horno de pan, hecho de adobe o barro, que forma parte de casi todas las cocinas y al exterior sobresale en planta en forma de bóveda –algo que también encuentra en algunas construcciones de su pueblo, en La Ribera salmantina-.

    Deja Santa Cruz de los Cuérragos, cuando el sol comienza su declive tras las estribaciones de La Culebra, con el recuerdo de otros tiempos y la vida que se va con ellos. Quedan para la retina estos museos etnográficos. Quedan para los sentidos estos parajes de lobos. El viajero se marcha entre olores, inundado de silencios, tiznado de colores… Magia que despertó los más profundos sentidos.

    REPORTAJE GRÁFICO: LUIS FALCAO

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