Rihonor o Rio de Onor, ¿dónde está la frontera? (II)

    Un viaje por Aliste (Zamora) con diferentes capítulos. Es regresar a un tiempo que parece parado. Es recorrer Aliste, La Culebra, Alba y La Carballeda.

    FuenteLuis Falcao @luischiado
    Es Rihonor de Castilla, la parte española, y Río de Onor, la parte portuguesa. Para empezar, pocos llaman a su pueblo por el nombre oficial

    El viajero deja Villarino de Manzanas allá cuando los rayos del sol caían como flechas de fuego para dirigirse a un pequeño oasis de atractivo natural y fragancia etnográfica y humana. Las dificultades de la vida en territorios tan agrestes hacen que, a lo largo de los tiempos, se vayan desarrollando fuertes tradiciones de ayuda mutua y de uso común de los instrumentos de trabajo. Es el caso de los habitantes de Rihonor de Castilla y Rio de Onor de Portugal, porque monta tanto tanto monta.

    Desde los hornos de cocer el pan hasta el mismo ganado, todo es compartido de manera civilizada con el testigo del río que cruza el poblado y separa formalmente –no socialmente- España y Portugal, porque, como mismamente aseguran los habitantes, viven desde hace incontables generaciones en conjunto, aunque hayan existido impedimentos de cadenas absurdas, leyes lejanas o tricornios temidos. Los dos pueblos son, en realidad, uno. Un sitio raro, donde la frontera no separa, sino que, asombrosamente, une.

    Unas cuantas casas. Como el viajero viene observando en su recorrido por Aliste y La Culebra y Alba y La Carballeda, estas aldeas presentan la construcción típicamente trasmontana y alistana, con viviendas constituidas por dos alturas, en la superior viven las familias, la inferior queda para el ganado, los cereales y el resto de productos de la tierra. Porque en este paraíso, el campo es un vergel y sus productos de buenísima calidad.

    Un río -el río Cortensa español, en Portugal río Onor-, campos de cultivo, un par de iglesias y poco más encuentra en este espejo olvidado de la realidad de la Raya. Sin embargo, la vista engaña. Lo que aparenta ser un pueblo son en realidad dos localidades separadas por la invisible frontera hispanolusa. Es Rihonor de Castilla, la parte española, y Río de Onor, la parte portuguesa.

    Para empezar, pocos llaman a su pueblo por el nombre oficial. Aquí el topónimo oficial es Rihonor de arriba y Rihonor de abajo –povo de acima e povo de abaixo-, un lenguaje común que pudimos escuchar en un grupo de jubilados que descansaban su historia y desgranaban sus últimos halos de vida a la sombra de un techado de horno. Un dialecto propio y casi extinto, perteneciente al grupo del astur-leonés, a semejanza de la lengua mirandesa.

    Las cadenas

    Varias cervezas con tres pastores alistanos y un portugués que habla del lobo introducen en la esencia humana de estas aldeas. Dos únicos bares en el pueblo -el centro cívico en la zona portuguesa junto a la Casa Rural/Restaurante Río de Onor y la Cervecería Prieto en la española-, mientras que la única tienda, que vende comida, detergente y demás se encuentra en España. En casa Prieto, a la sombra de una frondosa parra y una malla a modo de techumbre, en la frescura del agua que corre cristalina río abajo, saborea unas cervezas Sagre que saben a gloria bendita.

    Si Daniel São Romão aconsejó a Saramago beber un vasito de aguardiente aún caliente, este viajero recomienda tomar una cerveza Sagres bien fría viendo el atardecer desde este frondoso valle de La Culebra…

    Desconocidos durante la mayor parte de la Historia, los Rionor saltaron a los periódicos cuando la Revolución de los Claveles. Corría abril de 1974, y los portugueses derribaron a su dictador con una pacífica revolución… mientras que en España seguía con el suyo a cuestas.

    Para evitar el paso de vehículos que pudieran pasar con armas a Portugal, levantaron una cadena en el límite fronterizo. La cadena, cuya llave custodian en el lado portugués, ha permanecido desde entonces como un vestigio de separación física entre ambos pueblos y países.

    La cosa cambió cuando el 25 de abril de 1974 estalló la Revolución de los Claveles. Por entonces, el jefe del destacamento de la Guardia Fiscal en Rio de Onor era un teniente llamado Piñeiro, que procedió a instalar una cadena de lado a lado de la carretera para evitar una invasión de tropas españolas deseosas de reinstaurar la dictadura. Otra versión, que cuenta Luis Rodríguez –un policía jubilado- asegura que la intención era que los portugueses no escaparan a Francia a trabajar. La carretera quedó cortada durante mucho tiempo.

    Para que los agricultores locales pudieran cruzar la frontera se habilitó un camino que rodeaba la cadena fronteriza, impracticable para los automóviles, pero perfectamente útil para un tractor. Quince años después de la instalación de la cadena, Piñeiro, que aún seguía en el pueblo, quiso instalar una barrera en un camino de tierra cercano al pueblo que también cruzaba la frontera, pero los lugareños, portugueses y españoles, se negaron.

    Finalmente, en 1990 la cadena fue retirada. A partir de 1995, con el Tratado de Schengen, fueron desmantelados los cuarteles de la Guardia Civil y de la Guardia Fiscal en toda la frontera, en el de esta última se instaló el centro cívico donde se saborean unos aromáticos pingos.

    De esta historia local informó ampliamente el policía retirado Luis González Prieto, quien en su jubilación ha retornado a las labores agrícolas y ganaderas de sus ancestros. Acompañaban a Luis pastores alistanos trashumantes de la zona de Alcañices, quienes en estas fechas trasladan sus ovejas a los pastos más frescos de La Culebra y Sanabria.

    Mientras Luis habla y habla de política e historia, los pastores se recrean con su ganado y sus vivencias trashumantes. Dejan a Luis con el viajero y encienden una hoguera para dar buena cuenta de un abundante y exquisito asado de churrasco y cordero. La felicidad de la vida en el oasis del olvido.

    El lobo careto y la afonía lobuna

    Hablan del lobo al viajero, que haberlos haylos. Historias de lobos, leyendas del pueblo que se confunden con la realidad. Nunca se sabe dónde comienza una y termina otra. Es la historia del ‘lobo careto’, del que habla Manuela. Un animal que anda por los montes, que recorre los caminos, que visita los predios. Un lobo especial, que nunca hace daño al hombre y tiene la cara “tan fea, que le llamamos careto”.

    Ciertamente que estos hombres se han topado con el lobo, del que dicen que estas tierras acogen la mayor población lobuna de España e incluso de Europa. Los contertulios aún no han perdido el habla, por lo que se aprecia, porque en algunos pueblos de España se cree que la mirada del lobo puede provocar afonía, como lo prueba la leyenda recogida por el escritor Ramón Grande del Brío en su libro ‘Tras la senda del lobo. La huella que dejó Manolín en la Sierra de la Culebra’ (Salamanca: Amarú, 2005), p. 99:

    “Una vecina de San Vitero perdió, durante ocho días, el habla por causa del lobo. Ocurrió que aquélla cuidaba un pequeño hato de ovejas, en los alrededores del pueblo, cuando, una mañana, aparecieron dos lobos.  Entonces, la mujer trató de ahuyentarlos, empezando a dar voces y agitando al mismo tiempo, un cayado, y aunque uno de los lobos se retiró en seguida de allí, el otro, en cambio, quedóse plantado, mirando a la mujer fijamente. Al cabo, aquel lobo optó por continuar su camino; pero, al momento, la pastora advirtió que era incapaz de pronunciar palabra…”.

    Deja atrás a los pastores, al policía en su retiro y el bar Prieto donde dos hombres –de abajo o de arriba- apuran la última gota de un café solo y bien cargado y dan cuenta de un vasito de vidrio grueso lleno de aguardiente, con la presencia de dos banderas de fútbol, una española y otra portuguesa –amores a pares- y un póster de Ronaldo colgado en la vetusta pared.

    Cruza el puente sobre el río Onor cuando ya el sol cae vertical para encaminarse a un encanto de casa rural. En el camino topa con dos portugueses y una española que platican de lo de aquí y de lo de allá a la sombra de un castaño. Manuela, una septuagenaria que tuvo marido portugués, habla de unas relaciones que ni cadenas ni guardiñas ni carabineros ni gobiernos pudieron romper.

    Le pregunta por su relación con los portugueses, «a mí nunca me ha mordido ninguno», espeta categórica. El viajero, hijo de portugués de Tras os Montes, también se pregunta ¿dónde está la diferencia?

    A ginjinha

    Aullar al lobo aún no siente, pero sí a su estómago solicitar alimento. Declina la invitación de los pastores y accede al lado portugués donde la Casa Rural Rio de Onor ofrece un suculento menú con productos de la tierra, como esos tomates que perfuman el aliento, bacalao a forno, queso de oveja.

    También un aguardiente con guindas –ginjinha o Ginja, un licor hecho con cerezas de ginja (guindas), mezcladas con alcohol (aguardiente) y azúcar junto a otros ingredientes. Es un licor ampliamente consumido en Lisboa, sobre todo en la zona de Baixa– que si a José Saramago “un cepillo no sería menos áspero”, al viajero le supo a néctar del olimpo.

    Tras una corta sobremesa en una balconada donde suena la melodía del río en su discurrir parsimonioso con notas cristalinas, la tarde avanza y aún queda mucho por ver, emprende el camino hacia La Culebra. Deja atrás este bucólico valle. Este paradisíaco enclave, en el que, actualmente, Rihonor y Rio de Onor siguen siendo un lugar muy peculiar, binacional y mestizo. José Saramago escribió sobre el pueblo en su libro Viaje a Portugal:

    A fin de cuentas, ¿dónde está la frontera? ¿Cómo se llama este país aquí? ¿Es aún Portugal? ¿Ya es España? ¿O sólo Río de Onor y sólo eso?

    Continúa el viajero su camino…

    FOTOGRAFÍAS: LUIS FALCAO

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