Alegría y tristeza al llegar a Compostela

    VERSOS Y ORACIONES DE UN CAMINANTE

    FuenteCarlos Velasco - Director de www.noticiascyl.com
    El premio final, la Compostela
    Carlos Velasco, director de www.noticiascyl.com
    Carlos Velasco, director de www.noticiascyl.com

    Y sin darnos cuenta llegamos a Santiago de Compostela después de recorrer 200 kilómetros caminando, que no son moco de pavo. Momento emocionante la llegada, sí, por haber conseguido el objetivo propuesto, pero también de cierta tristeza.

    Durante estos ocho días, en nuestra mente ha campanilleado el mensaje que leímos en una de esas casas místicas de ayuda al peregrino que se han prodigado en nuestro itinerario: «¿Y después del Camino, qué?»

    Te das cuenta entonces de que lo importante no es la meta, sino el camino. Y eso vale también para la vida. Porque lo realmente bonito no es llegar, sino levantarte cada mañana y ponerte a caminar. Así, ahora que hemos llegado a la meta sentimos cierto vacío interior porque mañana ya no tendremos que levantarnos para emprender la marcha. He aquí la gran paradoja de nuestra aventura.

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    Plaza del Obradoiro, la meta de todo peregrino

    Una vez en Santiago de Compostela, el peregrino se consagra a dos actividades: en primer lugar, ir a la Catedral a dar el abrazo a la estatua del Apóstol; y en segundo, acudir a recoger la Compostela, que es el documento oficial que extiende la Iglesia para acreditar oficialmente que se ha realizado la peregrinación.

    El día de hoy, sábado, 3 de septiembre, nuestra última etapa, ha sido una jornada muy especial por diversas razones, entre otras, porque hemos tenido la oportunidad de confraternizar con nuestros amigos los ‘koreas’.

    Resulta que no eran coreanos, como presuponíamos, sino filipinos residentes en Australia. Edgar y Perla, con quienes nos hemos comunicado en inglés porque ya no hablan español (qué pena, y eso que las Filipinas fueron españolas hasta hace poco más de 100 años, hasta 1898). Iniciaron el Camino en Francia hace varias semanas. Han realizado en tren algunos tramos y los últimos 100 kms., caminando. Han sido un ejemplo para nosotros de tesón. Iniciaban su andadura de madrugada y, aunque su ritmo era lento, a base de voluntad conseguían llegar cada día a la meta propuesta.

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    Con nuestros amigos filipino-australianos, Edgar y Perla

    Luego, ya en Santiago, nos hemos reencontrado con otros peregrinos con los que coincidimos en el Camino, por ejemplo, con la japonesa Mei, a la que conocimos en la comuna de hippies muy cerca de O Cebreiro. Mei estudia sociología en Valencia y habla español a la perfección. Cuando nosotros llegamos a Santiago, ella llevaba ya dos días en la ciudad. Con gran naturalidad confiesa que la noche anterior se había excedido en la bebida junto a otros peregrinos.

    En Santiago pudimos ver también al suizo Bernard o a la irlandesa Bridget que, como Mei, no paraba de tomar notas durante el viaje. Vimos también otras muchas caras conocidas, aunque no llegamos a averiguar sus nombres ni sus orígenes. La pena es que a todas estas gentes sacrificadas quizás no las volvamos a ver nunca más. Nuestras vidas se cruzaron fugazmente en el Camino y probablemente nunca se reencuentren.

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    El Camino bordea el aeropuerto de Lavacolla

    La etapa entre Pedrouzo y Santiago no destaca por nada en particular, tan sólo por ser la etapa final del viaje. Como digo, hay una gran diferencia entre el itinerario del Camino en las provincias de León y Lugo, que discurre por parajes de ensueño, frondosos verdes y frescos, y el Camino en A Coruña, que es más urbano.

    En el tramo de hoy conocimos a Alfredo, cocinero, que se gana unas perrillas vistiendo con el atuendo tradicional de peregrino a los caminantes para que se hagan una fotografía de recuerdo

    En este último tramo hemos sufrido la gran decepción del Monte del Gozo, un macroalbergue dependiente de la Xunta de Galicia. Este punto, que debía ser un gran centro de atención a los peregrinos, no es más que un conjunto de barracones sin servicios de ninguna clase, al menos servicios prácticos para los peregrinos cansados que están a punto de llegar a Santiago. Se trata sólo de una zona para dormir, con lo cual compensa más no detenerse en él y continuar directamente hasta Santiago.

    La aventura del camino de Santiago merece la pena se haga como se haga. Además no es una experiencia cara si uno se plantea la austeridad y se acoge a los albergues públicos o de la Iglesia que se ofrecen a los peregrinos.

    Tenía razón Maribel Rodicio: el Camino de Santiago son muchos caminos y se puede elegir uno de ellos o todos a un tiempo. En nuestro caso ha sido un camino espiritual, un camino deportivo, un camino de familia, un camino cultural y un camino social.

    La paradoja, digo, ha sido la emoción de llegar a la meta, pero al mismo tiempo la tristeza de haber concluido.

    Conque, a partir de ahora no queremos metas. Sólo pedimos a Dios que nos permita levantarnos cada mañana y caminar, ay.

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